La Intuición, la Maestra de las Maestras
La Ilusión de la Expansión en el Universo Perfecto
Saludos, Amados Fratres y Sorores de Conscendo,
Siempre existe un límite para la comprensión universal mientras las realidades fenoménicas sean analizadas únicamente desde el prisma mental. La mente, con sus concepciones duales - como lo correcto y lo incorrecto, el tiempo y el espacio, el yo y el otro - es incapaz de alcanzar la profundidad de la Conciencia, que existe más allá de los planos newtonianos donde el tiempo fluye linealmente y el espacio se mide en distancias. Tales conceptos, aunque útiles en la vida cotidiana, se convierten en barreras cuando buscamos desvelar la esencia de lo que somos.
Para alcanzar un nivel tan elevado de entendimiento, es necesario trascender la identificación exclusiva con la mente y sus estructuras limitadas por el ego, el tiempo y el espacio. La mente, como instrumento sublime, no debe ser abandonada, sino recontextualizada: de maestra, se convierte en sierva de la Conciencia. Es en este silencio de la mente conceptual donde surge la intuición pura como la vía regia hacia la sabiduría oculta - un saber que no se explica en palabras, sino que se aprehende directamente a través de la Buddhi (la intuición pura). Este conocimiento se revela individualmente, en momentos de quietud interior, pero su esencia inefable escapa a la captura completa por los medios usuales de comunicación, como la palabra o la escritura.
Al renunciar al pensamiento conceptual, alcanzamos niveles sublimes de comprensión, inalcanzables para quienes permanecen atrapados en los análisis racionales. Imagina a alguien intentando medir el volumen del océano con una cuchara: la mente es esa cuchara, útil para pequeñas porciones, pero impotente ante la vastedad.
En cada etapa de desarrollo en la senda de la Conscendo Sodalitas, los conceptos se refinan y, a veces, parecen contradecir lo que se dijo antes. Pero no existe contradicción real - todo depende del grado de alcance del fractal que observa el tema. Por ello, algunas afirmaciones hechas bajo el entendimiento mental pueden parecer contradictorias cuando se evalúan desde el plano de la Conciencia.
La mente, por su propia naturaleza, genera una secuencia infinita de cuestionamientos y capas - un ciclo sin fin que frustra a quien busca respuestas solo desde este ángulo. Sostenida por la dualidad, siempre compara, mide y jerarquiza, moviéndose por caminos interminables que jamás conducen a un objetivo real. Es como imaginar un propósito situado en el peldaño más alto de una escalera infinita, transformando ese intento en algo inalcanzable y vano. La mente es limitada y, en cierto punto, se encuentra con una barrera infranqueable - un muro que le impide sondear los misterios más profundos.
Ya hemos mencionado repetidamente que el Dios Uno, la Fuente Única y Perfecta, es una abstracción - todo intento de pensarla la limita y fragmenta. Todo concepto, por más elevado que parezca, se revela superfluo ante el abstraccionismo intuitivo.
Al abandonar la mente conceptual, finalmente podemos intuir la Conciencia, la Fuente Única como la Plenitud Absoluta. Dios, la Fuente Única, cuando se intuye más allá del pensamiento, no requiere expansión alguna. Todas las experiencias posibles - con sus incontables matices de alegría, dolor, luz y sombra - son la propia Unidad, existiendo de forma atemporal y completa. Es como si el universo fuera un libro ya escrito, pero que releemos página por página en la ilusión del tiempo.
En ese punto, la intuición nos revela que el universo es perfecto tal como está - la expansión, el perfeccionamiento, es un ensueño creado por la mente, que ve movimiento donde solo hay plenitud. Lo que parece contradictorio al intelecto - el ser defectible y expansivo frente al ser perfecto - es armonioso en la visión intuitiva. La Fuente, cuando se percibe en su esencia, irradia esa completitud a sus fractalizaciones, a sus personajes: nosotros mismos. Somos, al mismo tiempo, el personaje aparentemente imperfecto que vive la historia, el autor supuestamente carente de dramas que la escribe, y la propia Fuente Perfecta en manifestación.
Por ello, algunas corrientes positivas de la filosofía esotérica afirman que no hay nada que mejorar, nada que buscar, nada que perseguir, nada que desear. Ya somos la exteriorización perfecta de la Fuente Única y Perfecta, y todos los escenarios de las formas - montañas, estrellas, emociones - nacen de Su naturaleza expresiva. Somos perfectos en el ahora y en el siempre. Lo que nos impide vivir esa perfección son las máscaras del ego, construidas a lo largo de la vida. Cada personaje que interpretamos en las existencias mentales - el trabajador, el soñador, el buscador - es una fantasía que esconde al ser perfecto detrás del escenario. Nuestro papel, entonces, no es mejorar la perfección, sino vivir con intensidad la aventura hasta que, en su clímax, despertemos dentro de ella, transmutando las ilusiones que la cubren.
Desde el prisma más amplio posible, guiados por la percepción intuitiva pura, la Fuente Única Absoluta no tiene un propósito definido, pues ya es completa. Solo nos queda intuir que la expresión de todos los infinitos escenarios mentales - este vasto teatro cósmico - nace únicamente de Su naturaleza innata de manifestarse en un juego divino espontáneo, el Lila, libre de la tiranía de un “porqué”. Es como el amor: amamos y somos amados no porque nos lo enseñaron, ni porque exista un motivo, sino porque forma parte de nuestra esencia. Al priorizar el abstraccionismo intuitivo, percibimos que ya somos la expresión perfecta de la Fuente. No hay nada que buscar, pues todo lo que somos y todo lo que existe ya es la manifestación plena de la perfección divina. Nuestra acción en el mundo, entonces, es una celebración de esa perfección, una danza consciente con la Fuente, con nosotros mismos en lo infinito.
Así, la Fuente se expresa, y nosotros, sus reflejos, danzamos en esa expresión. Solo nos resta silenciar la mente, disolver las fantasías y permitir que Nuestro Yo Infinito - la propia Fuente - resplandezca a través de nosotros, en el eterno ahora.
En la eternidad del Yo Soy,
Con Sinceros Votos de Despertar,
Conscendo Sodalitas































